Parece de la Provenza pero está a solo 50 km de Berlín: la casa de campo de una top model que enamora
Caroline Lossberg transformó una antigua casa de Brandeburgo en un refugio familiar lleno de historia, colores naturales y conexión con la naturaleza. Ideas prácticas para crear tu propio oasis rural sin mudarte lejos.
La modelo alemana Caroline Lossberg, con más de 122 mil seguidores en Instagram y habitual en las páginas de Vogue, encontró su refugio ideal en una casa construida hacia 1850 en Brandeburgo, a poco más de 50 kilómetros al norte de Berlín.
Al cruzar la puerta de madera que cruje, uno siente que está en la campiña inglesa o entre lavandas de la Provenza. Sin embargo, esta propiedad de muros de piedra y entramado de madera está en pleno suelo alemán, rodeada de un jardín que se ha convertido en el centro de la vida familiar.
Lossberg, que creció en el sur de Alemania y vivió en París, Nueva York y Australia, buscaba exactamente esto: un lugar para que sus dos hijos crecieran en contacto con la naturaleza y lejos del ritmo vertiginoso de la ciudad. “Por mucho que nos guste Berlín, a veces necesitas un descanso de la ciudad”, cuenta.
La casa de 190 metros cuadrados ya estaba reformada cuando la compraron hace dos años. El anterior propietario, apasionado de las reformas históricas, había dejado solo las vigas del granero, instalado ventanas francesas de doscientos años, herrajes originales, fachada de ladrillo y antiguas baldosas. Eso permitió a la familia mudarse sin grandes obras.
El corazón de la vivienda es el salón-comedor de planta abierta, donde pasan la mayor parte del tiempo. Lossberg trabajó con un asesor cromático de Farrow & Ball para elegir los tonos. Un suave beige como base, combinado con acentos más atrevidos en paredes y barnices, crea ambientes cálidos y acogedores.
Gran parte del mobiliario son reliquias familiares o piezas antiguas restauradas por una pequeña empresa familiar en Austria. Nada de muebles nuevos en serie: todo tiene historia y carácter.
En el dormitorio abuhardillado, la vista directa al prado vecino invita a despertar con calma. El jardín es otro protagonista: allí la familia cocina, hornea, hace cerámica y pasa horas al aire libre. “Como aquí no estás rodeado de delivery ni restaurantes, hemos vuelto a cocinar y a hornear”, explica la modelo. También se han volcado a la jardinería y a actividades manuales que antes no practicaban tanto.
Los niños tienen una habitación infantil que parece salida de un cuento. Los armarios y escaleras están pintados en tonos suaves de la misma marca de pinturas, mientras que en el baño de piedra natural una pared y el radiador lucen un potente color ciruela que aporta personalidad sin recargar.
Lo que más valoran es la tranquilidad del lugar: se escuchan caballos de la granja de enfrente, el gallo del pueblo o el paso de un tractor. En verano aprovechan los lagos cercanos para bañarse; en otoño recolectan setas en el bosque y en invierno encienden la chimenea y dan largos paseos.
Esta casa demuestra que no hace falta vivir en el sur de Francia para tener ese estilo provenzal tan deseado. Con materiales nobles, colores pensados y muebles con alma, se puede crear un hogar sereno aunque esté a solo una hora de una gran capital europea.
Para quienes sueñan con algo parecido pero no pueden comprar una casa de campo, hay varias ideas que se pueden aplicar en cualquier vivienda argentina:
- Elegir una paleta de colores tierra y neutros cálidos para paredes y textiles. Un beige suave o un terracota tenue dan calidez sin esfuerzo.
- Incorporar piezas restauradas o de segunda mano. Un mueble antiguo pintado o una mesa de madera maciza cambian completamente el ambiente.
- Abrir visuales al exterior. Aunque sea un balcón pequeño o una ventana grande, usar cortinas livianas y mantener el espacio despejado ayuda a difuminar los límites entre interior y exterior.
- Crear rincones para actividades manuales. Un espacio para plantas, una mesa para cerámica o un lugar para leer junto a la ventana replican esa sensación de vida pausada.
- Aprovechar el jardín o terraza. Aunque sea chico, con macetas, una mesa de hierro y algunas luces, se transforma en el lugar favorito de la casa.
La casa de Caroline Lossberg en Brandeburgo es mucho más que una postal para Instagram. Es la prueba de que, con decisiones conscientes y respeto por la historia del lugar, se puede construir una vida más tranquila y conectada con lo esencial. Un lujo que, en tiempos de ruido constante, vale más que cualquier pasarela.