Cómo crear tu propio refugio de campo inspirado en la casa de Juan del Val y Nuria Roca
Aunque no tengas un millón de euros, podés replicar la calidez rústica y moderna de su casa en Candeleda con cambios accesibles: materiales naturales, porche funcional y aprovechamiento del exterior.
Tener un lugar al que escaparse de la ciudad se convirtió en un sueño cada vez más compartido. La casa que Juan del Val y Nuria Roca compraron en Candeleda, Ávila, es un ejemplo de cómo combinar tradición y confort sin perder el vínculo con la naturaleza. Aunque su presupuesto fue alto gracias al premio Planeta, los principios que aplicaron se pueden adaptar a presupuestos reales y casas o departamentos argentinos.
Lo primero que destaca es el equilibrio entre lo rústico y lo contemporáneo. La vivienda conserva líneas tradicionales con piedra y madera como protagonistas, pero incorpora ventanales grandes y espacios abiertos. En tu caso, si estás alquilando o no podés tocar estructura, empezá por los materiales que suman calidez sin obra: revestimientos de madera en paredes, muebles de líneas simples en tonos naturales y textiles en colores tierra.
El porche es el gran ganador de la casa. Se convirtió en el lugar ideal para comidas largas y reuniones. Si tenés balcón, terraza o un patio pequeño, replicá la idea con un piso de madera o baldosas claras, una mesa resistente al exterior y sillas cómodas. Agregá una pérgola de caña o tela para crear sombra y colgar luces de bajo consumo. En verano se transforma en el rincón favorito de la casa.
Dentro, los espacios diáfanos y la mezcla de muebles campestres con piezas recuperadas generan personalidad. Buscá en ferias o grupos de segunda mano sillas de madera, bancos antiguos o lámparas de fibras naturales. Combiná con textiles gruesos en tonos cálidos: almohadones, mantas y alfombras que definan ambientes sin paredes. El truco está en no sobrecargar: pocos muebles pero bien elegidos.
La conexión con el paisaje es clave. En Candeleda, la finca tiene rincones mediterráneos, pradera y árboles autóctonos. En tu hogar, creá ese vínculo con plantas de interior resistentes y un pequeño jardín o macetas en el exterior. Elegí especies que soporten el clima local: lavandas, romeros o suculentas que pidan poco riego. Colocá bancos o hamacas en zonas con buena luz para generar “microrefugios” donde leer o tomar mate.
La piscina de obra con vistas a la sierra es un lujo, pero el concepto de zona de agua se puede escalar. Una pileta inflable grande, una fuente pequeña o simplemente una ducha exterior con cortina de lona pueden dar esa sensación de frescura y relax. Lo importante es ubicarla donde entre sol y tengas alguna vista agradable, aunque sea del cielo o de plantas.
Si estás pensando en pintar, usá dos colores para dar carácter sin gastar mucho. Un tono neutro en las paredes principales y un color más vibrante en una pared de acento o en el frente de la cocina puede transformar el ambiente. Mirá nuestra guía para pintar con dos colores si querés pasos concretos.
La clave que dejó Juan del Val es reconocer que, aunque uno sea muy urbanita, la naturaleza termina ganando. No hace falta una casa enorme ni un presupuesto millonario: con decisiones inteligentes sobre materiales, luz y aprovechamiento del exterior cualquiera puede armar su versión de refugio. Empezá por un rincón, sumá poco a poco y disfrutá del proceso. Al final, como dijo él, termina siendo una muy buena compra para el alma.